CESÁREA: LA CICATRIZ QUE CUENTA UNA HISTORIA

 

Detrás de una cicatriz siempre hay una historia que contar.

Más allá de la herida que ves en la piel, la cesárea puede dejar heridas más profundas, esas que no se ven a simple vista, pero que dan señales de que algo no va bien.

Esta semana he visto una chica que tenía dolor (alodinia) en el abdomen después de tres meses de dar a luz por cesárea.

La alodinia es la percepción de dolor en situaciones que no deberían producirlo. El tacto suave en la piel, un pequeño roce, carícias… son situaciones que no deberían provocarte dolor u otras sensaciones molestas, pero que pueden aparecen después de la cirugía de la cesárea.

Esta percepción es una interpretación que hace el cerebro del dolor. Gracias cerebro, ¿no podrías ser un poco más tolerante? 😉. No estoy diciendo que estés loca, ni mucho menos, tu dolor es real y merece ser atendido.

Por desgracia, algunas mujeres en esta situación se sienten muy incomprendidas y a menudo son tratadas de “quejicas” y exageradas, conformándose a vivir con dolor y aceptar que ese dolor es normal. Pero no lo es.

“No es normal que no puedas mirarte la cicatriz porque eso te hace sentir triste, culpable o fracasada”.
“No es normal que evites verte desnuda frente al espejo porque duele solo con mirarte”.
“No es normal que el simple roce de la camiseta sea como tener mil agujas clavadas en la piel.
“No es normal que al acariciarte te duela tanto que no puedas parar de llorar”.
“No es normal que el simple contacto con el agua de la ducha te duela”.
“No es normal que no puedas coger a tu bebé en brazos porque sus patadas te mortifican”.

Nada de esto es normal. Los fisioterapeutas hablamos mucho de lo importante que es tratar la herida física, esas adherencias que puede tener la cicatriz y que nos puede dar dolor o problemas en el suelo pélvico. Pero la herida emocional se lleva en silencio.

Empezar a tratar la parte física te ayuda a reconciliarte con el cuerpo y a empezar a hacer el duelo del parto que no fue.

Si te sientes identificada con estas palabras, habla con tu entorno y pide ayuda a una psicóloga. Te ayudará a gestionar tus emociones.

Las matronas y las doulas también pueden ayudarte. Los rituales de cierre de una etapa vital tan importante como es el parto, La Cerrada, son muy sanadores. También puedes escribir una carta de despedida a ese parto esperado o dedicar unas palabras de agradecimiento a la cesárea.

Las heridas emocionales son más difíciles de cerrar que la propia cicatriz. Para revisar la cicatriz física, aquí me tienes.

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